Everybody Loves Baby: Espanol

English | Espanol

Yoga caliente, puntillas, tristeza

Esto va de mal en peor. Hace más de una semana que no publico nada. Ayer iba a poner alguna canción para mi serie de martes musical, pero estaba muy cansada porque fui a una clase de yoga caliente con Mami donde casi pierdo la vida. Además, este blog ni es de música, ni yo sé tanto de música como para estar publicando solamente entradas sobre ese tema.

Volviendo al yoga: Yo me apunté a unas clases de yoga cuando estaba embarazada y me fue súper bien. Me ayudó un montón con esos dolores de espalda provocados por las 60 libras de más que cargaba mientras formaba a otro ser humano en mi vientre. (¡Ojo! Mi aumento de peso no tuvo nada que ver con las cantidades industriales de helado que comía mientras estaba encinta. Aunque no tuve la oportunidad de pesarla, estoy segura de que mi placenta superaba las 50 libras.) Pero esto del yoga caliente (o sea yoga en un salón sin aire acondicionado en pleno verano, uno de los veranos más caluros que hemos tenido) es otra cosa. Fui con Mami porque ella ha estado teniendo unos dolores en la espalda y pensé que estirar un poco el cuerpo la podría ayudar. No tenía idea de lo difícil que iba a ser. ¡Qué manera de sudar! ¡Qué manera de descubrir músculos que ni siquiera sabía que existían! Y ¡Dioooos, qué ganas de quedarme en la cama esta mañana sin moverme ni un centímetro! Yo, que no necesito hacer yoga caliente para quererme quedar acurrucada todos los días, tuve que utilizar toda la fuerza de voluntad que tengo para ir al trabajo hoy. Pero fui. Creo que merezco un premio.

En fin, les decía que hace más de una semana que no escribo aquí. Luki nos tiene muy ocupados con eso de caminar por toda la casa en puntillas, tratando de lanzarse escalera abajo y de sacar los cuchillos de carne de las gavetas de la cocina cada cinco minutos. Camina en puntillas todo el tiempo, algo que me tiene bastante preocupada. Lo busqué en Google y dicen que es normal pero que también puede ser un síntoma del Autismo u otras enfermedades igualmente serias. A pesar de que todo indica que se está desarrollando perfectamente bien y que Mami me cuenta que ella también caminó en puntillas durante sus primeros años, he seguido googuleando y leyendo blogs acerca de “niños especiales,” convenciéndome de que Luki tiene algún problema.

Les prometo que no estaba tan loca (ni tan adicta a Google) antes de convertirme en madre.

Además, he estado un poco tristonga estas últimas semanas. No sé. Por todo. Porque no tengo mucho dinero. Por mi trabajo. Porque el tiempo pasa muy despacio y demasiado rápido a la vez. Pero más que todo, porque mi papá sigue muerto.

Unas semanas después que se murió, sentí no sé qué…¿paz? ¿claridad? ¿lucidez? Me entusiasmé con la idea de que todo pasa por una razón, que todo iba a estar bien, y todavía estoy esperando esa razón que no llega. Y ya las cosas no están tan claras. Se ha desvanecido esa sensación de asombro por el simple hecho de estar viva que sentí tras una muerte tan súbita. Y estoy triste. Triste porque mi papá está muerto. Y triste porque aún no siento que su muerte ha transformado mi vida como quisiera.

No me gusta escribir estas cosas porque me parecen demasiado deprimentes. ¡Yo quiero que este blog se trate de historias de caca proyectil y las excentricidades de mi madre! Pero si no las escribo, entonces no puedo escribir mas nada. Y a eso se debe la semana entera sin publicar.

Confieso que vomitar estas palabras sobre el teclado de mi computadora me ha hecho sentir un poco mejor, aunque las secuelas del yoga caliente aún me tengan bastante adolorida.

Share

Deja un comentario