Everybody Loves Baby: Espanol

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Por lo menos no he perdido a mi hijo, por ahora

Lo reconozco. Cuando se trata de la domesticidad, de ser organizada y responsable, de vivir con los pies en la tierra en vez de estar constantemente pensando en las musarañas…soy un desastre.

Quizás el ejemplo más ilustrativo de mi incapacidad de actuar como una persona adulta es mi tendencia a olvidar/dejar/extraviarlo todo. Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he dejado mi cartera en el asiento de atrás de un taxi, cuantos teléfonos celulares he olvidado quien sabe dónde, cuantas sombrillas he abandonado en cafeterías y tiendas esparcidas por toda la ciudad. La lista es larga: bufandas, guantes, documentos importantes, llaves, libros, dinero, una vez hasta perdí un zapato. Un solo zapato. Su compañero aún está en mi closet, triste y solo, esperando a su pareja.

Ahora que soy madre y tengo que cargar con un almacén de provisiones cada vez que salgo (aunque sea a la esquina) con Luki, la lista de cosas perdidas y olvidadas se ha multiplicado. Pueden estar seguros de que siempre que llego a algún lugar con mi niño, la siguiente frase sale de mis labios: “¡Ay! Se me quedó…” el babero, la compota, el pañal, el agua, la pijama, etc. Menos mal que Luki todavía toma teta y que a ésas no las puedo dejar botadas por ahí.

El fin de semana pasado, viajamos a Washington y dejé la bolsita con todas las cucharas del bebé en la mesa del restaurante donde almorzamos. Cuando llegamos a nuestro hotel, me di cuenta de que se me había olvidado empacar el jabón de mi hijo y, después de visitar la casa de una amiga, casi casi nos vamos sin agarrar el babero plástico que le ponemos a Luki para que no se ensucie la ropita cuando come.

Y para colmo, precisamente ayer, me fui del trabajo sin la mochila donde guardo la pompa y la leche que me extraigo durante el día. Es la segunda vez que me pasa desde que regresé a trabajar después de que Luki nació.

El hecho de que, en casi nueve meses, nunca he dejado a mi hijo botado en una tienda ni se me ha quedado en el carro cuando vamos juntos a algún lugar, es algo que me asombra todos los días. Su existencia y bienestar son los logros más grandes de mi vida.

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¡Cómo te esperaba!

¿Alguna vez te ha pasado que hay una canción que has escuchado millones de veces, pero un día le prestas atención a la letra y te das cuenta de que se trata específicamente de tu vida?

Eso es exactamente lo que le ocurrió a Ton Tón hace un par de semanas con Vos Sabes, de Los Fabulosos Cadillacs. Tenemos todos los discos de Los Fabulosos y los hemos escuchado infinidades de veces, pero recientemente adquirimos un álbum de versiones de la banda y, de repente, Ton Tón le empezó a parar bola a la letra de Vos Sabes, versionada por Los Cafres. Ésta se ha convertido en un himno familiar y ahora mi esposo le dedica tardes enteras a aprenderse los acordes mientras Luki y yo bailamos al compás de su ritmo de reggae.

Aquí se las dejo para que la disfruten…

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El origen de un baño (y un blog)

Hace unos días, Luki se bañó en el fregadero de casa de su abuela por primera vez. Pero antes de contarles acerca de su experiencia, debo hacerles otra historia. La historia de ese fregadero. La historia que me inspiró a comenzar un blog…

Cuando tenía treinta y demasiadas semanas de embarazo y lo único que nos faltaba preparar para la llegada de nuestro bebé era lavar su ropita, mi madre nos prohibió hacerlo. “¡Ustedes no pueden meter la ropita del niño en esa lavadora empercudida y llena de churre que tienen en su casa!” nos dijo a mí y a Ton Tón. “Mejor me dan la ropita a mí y yo se las lavo.”

La verdad es que nosotros, aunque tratamos de mantener nuestros electrodomésticos limpios, no tenemos la costumbre de dedicarle tardes enteras a limpiar algo cuya función es limpiar. Algo que se “ensucia” con detergente y cloro. Pero bueno, ya que Mami nos dijo que nuestra maquina estaba demasiado sucia, decidimos permitir que ella se llevara la ropa a su casa. Fue una decisión difícil porque Ton Tón y yo teníamos muchas ganas de pasarnos un día entero lavando y doblando camisitas y pijamitas de bebé. Pero la vida es así, a veces uno tiene que hacer sacrificios por el bien de sus hijos.

Ya Mami lo había preparado todo en su casa. Su lavadora y secadora habían sido sometidas a un largo y complicado proceso de desinfección y estaban listas para recibir la delicada y preciosa ropa de su nieto. Después de la primera lavada, colocó la ropa en la secadora y decidió que era mejor utilizar la función de “Air Dry” – o sea, secar la ropa sin calor. “Lo que pasa es que esa estática le puede hacer daño al niño,” nos informó.

Allí estuvo la ropita de Luki dando vueltas hasta que, una hora más tarde, Mami la fue a sacar y se dio cuenta de que todavía estaba totalmente mojada. En ese momento, ella decidió hacer lo que haría cualquier persona razonable: continuó usando “Air Dry” hasta que su secadora se rompió.

No importa, hacía tiempo que Mami estaba por comprar una lavadora y secadora nueva, así que fue para la tienda con Papi en busca de otras maquinas. Y ¿cuál creen que fue el factor que determinó su compra? ¿El precio? ¿La marca? ¿El color? ¿El tamaño? Por supuesto que no. Mami encontró una lavadora con una botón llamado “Baby wear”—¡UN BOTÓN ESPECIAL PARA LA ROPA DE BEBÉ! Su decisión estaba tomada.

Y bueno, ya que estaba cambiando de lavadora y secadora, pues obviamente decidió rediseñar su lavandería completa y mandó a Papi a instalar un fregadero gigante para poder bañar mejor a su nieto.

Al ver que su suegra había invertido en un electrodoméstico especial para lavar la ropa de su nieto que aún no había nacido, Ton Tón comenzó a tener pesadillas en las que llegaba del trabajo y se encontraba la casa vacía porque su hijo había sido raptado por la abuela…

…Y yo comencé a documentar las locuras de mi familia en la versión en inglés de este blog.

La semana pasada, mi hermano le conectó una duchita al fregadero y Luki lo utilizó por primera vez.

Y bueno, después de ver esa carita, tengo que reconocer que las locuras de Mami valieron la pena.

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Las manos de tu abuelo

A principios de este año, me propuse escribirle una carta a Luki contándole algo sobre su abuelo todas las semanas. Para mí, lo más triste de la muerte de Papi es que mi hijo no lo vaya a recordar, que no pueda crecer con su ejemplo. Así que, todos los miércoles publico una anécdota sobre mi padre en la versión en inglés de este blog y, aunque no quiero que este espacio se convierta en una traducción literal de lo que escribo allá, creo que es importante dedicarle un lugar a ese proyecto aquí también. Como casi siempre espero hasta el último minuto para publicar la carta, la versión en español aparecerá aquí los jueves. Aquí les va.

Querido Luki,

Cuando aún vivías en mi barriga, tu abuela le compró una caja de sales exfoliadoras a tu abuelo para ver si podía suavizarle las manos. “¡Tú no vas a poder tocar a mi nieto con esas manos ásperas y llenas de callos!” le decía. “La piel de los recién nacidos es muy delicada y tus manos parecen lijas.”

Es verdad. Las manos de tu abuelo eran muy duras y resecas. Cuando yo era niña y tenía algún dolor, siempre prefería que tu abuela me untara pomada porque las manos de él me arañaban demasiado la piel. Hasta él mismo tenía que tener cuidado con sus extremidades. Una vez se estaba rascando la frente y se cortó la calva con uno de los pellejos duros que brotaba de sus dedos.

Pero Luki, es muy importante que entiendas que tu abuelo tenía las manos duras porque las usaba mucho. Sus manos martillaban clavos y lavaban platos; le cambiaban el aceita al carro y lijaban paredes; fabricaban juguetes para sus hijos y colocaban loza en el piso de la cocina. Tu abuelo nunca estaba ocioso y sus manos eran un testamento a su trabajo. En las heridas y los callos, en las uñas desteñidas y las palmas resecas, permanecía la evidencia de su labor. Una declaración palpable de todos los esfuerzos y sacrificios que hizo por nosotros.

Tu abuelo probó las sales exfoliadoras un par de veces, pero no lograron borrar los años de labor que estaban tallados en sus manos. Y cuando tú naciste, a pesar de las advertencias de tu abuela, te cargó con esas mismas manos – duras, resecas, heridas, pero llenas de amor.

Sé un hombre trabajador, Luki. Es mucho más importante ser afanoso que tener los dedos suavecitos.

Te quiero mucho,

Mamá

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En casa

¡Por fin! Un espacio donde puedo escribir en mi lengua natal, en el idioma que hablo todos los días con mi familia. Ya no tengo que inventarle traducciones en inglés a frases como “¡Ese niño está acabando con la quinta y con los mangos!” o “¡Ahora sí que se arrechó este carajito!”

Hace mucho tiempo que estaba por dar este paso, pero, ya que lo he dado, no sé bien por dónde empezar. La verdad es que estoy un poquito asustada – aunque nací y crecí hablando español y mi madre nos sometía a clases de gramática durante nuestros veranos en Miami, mi formación oficial en el idioma terminó en quinto grado, cuando me fui de Cuba.

Bueno… sí, tomé algunas clases de español en la secundaria y la universidad, pero eso fue hace muchos años y con el único propósito de sacar una A fácil y subir mi puntaje. La realidad es que tengo más experiencia y me siento más cómoda escribiendo en inglés. Así que puede ser que a veces cometa alguna falta de ortografía o diga algo que no tenga mucho sentido y les pido que me perdonen. O si quieren, me pueden corregir en los comentarios.

A pesar de mi falta de práctica con el español escrito, estoy súper contenta de publicar en la lengua de Cervantes. Me encanta bloguear. Comencé a hacerlo en inglés hace aproximadamente 10 meses y se ha convertido en mi pasión. Por primera vez en mi vida, cuando alguien me pregunta qué es lo que me apasiona tengo una respuesta: ¡Me apasiona contarle al Internet los detalles de mi vida cotidiana, especialmente el contenido de los pañales de mi hijo!

Y ahora que estoy escribiendo en español puedo ser aún más genuina dentro de este mundo virtual. Es como cuando llego a mi casa después de haber estado mucho tiempo fuera y me siento invadida por esa sensación de pertenecer allí. Y aunque la haya pasado muy bien dando tumbos por el mundo, nada se compara con dormir en mi propia cama o – si estoy llegando al hogar de mis padres – comer la comida que prepara mi mamá.

Esta esquinita del Internet, con sus eñes y sus vocales acentuadas, es mi hogar cibernético.

Bienvenidos.

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