Corrección
Anoche cuando me acosté a dormir después de pasar un rato blogueando (en inglés) me costó trabajo encontrar el sueño porque de repente me entró un hambre increíble. No sé por qué. Yo ayer cené de lo más bien, un arroz con pollo que por primera vez, tras varios intentos anteriores fallidos, me quedó bueno.
Estaba dando vueltas en la cama pero la pereza no me permitía bajar a buscar algo de masticar y me empecé a acordar de los últimos meses de mi embarazo. Cuando el hambre que me daba de madrugada era irresistible y despertaba a Ton Tón para que fuese a buscarme galleticas de soda con mantequilla a las cuatro de la mañana. Y entonces me acordé de que había escrito aquí ayer que aumenté 60 libras durante ese tiempo y me puse a sacar cuentas y, pues, eso no es verdad.
Al parecer, después de todos estos años con Ton Tón, se me ha empezado a pegar una de sus cualidades más distintivas: su habilidad incomparable de exagerarlo todo. Mira, si alguna vez mi esposo te hace una historia en la que te cuenta que tuvo que esperar cierta cantidad de tiempo, réstale treinta minutos. Si menciona que gastó una cierta cantidad de dinero, quítale veinte dólares. Y si te dice que caminó no sé cuantas cuadras, divídelas por la mitad.
En fin, todo esto para decirles que fueron (solamente) 45 libras.




