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Venezuela: La travesía

Ya sé que me fui sin avisar, pero he estado de viaje en Venezuela por las últimas dos semanas. Es por ello que este blog no se actualiza desde el 16 de agosto. Nos quedamos en casa de la mamá de Ton Tón, quien todavía dice “ya voooy” cada vez que suena el teléfono, como si la persona que está llamando la pudiera escuchar sin que ella alzara el auricular, así que de más está decirles que allí no había Internet. Manuel, el hermano mayor de mi esposo, nos prestó una especie de Internet portátil que funcionaba con la señal de teléfono, pero era lentísimo y, bueno, la verdad es que estábamos muy ocupados comiendo empanadas y cachapas y bañándonos en la playa para prestarle mucha atención al mundo virtual.

El viaje fue una verdadera aventura. Yo estaba un poco preocupada por la travesía en avión porque compramos los pasajes con Avior, una aerolínea venezolana con la que no hemos tenido mucha suerte en el pasado. La última vez que viajamos en ella llegamos al aeropuerto y el horario del vuelo había cambiado sin que nos avisaran. ¡El avión iba a salir una hora más temprano! Menos mal que Ton Tón insiste en llegar a los aeropuertos con por lo menos tres horas de anticipación siempre.

Además, la hermana de Ton Tón también tuvo un incidente desagradable con la misma aerolínea. Incidente en el cual le comenzaron a salir llamas de fuego al avión minutos antes de que ella y su esposo se montaran.

Afortunadamente nada de eso nos ocurrió a nosotros. Todos los vuelos salieron y llegaron a tiempo y sin ningún incendio inesperado. En realidad llegamos a Venezuela media hora antes de lo pronosticado.

Sin embargo, nuestra suerte con el traslado aéreo no se transfirió a los modos de transporte terrestres. Mientras estábamos en Venezuela viajamos de la ciudad donde nació Ton Tón (Puerto la Cruz) hasta Caracas y luego hasta Valencia. El viaje de Caracas a Valencia, que debe durar dos horas, tardó cuatro horas y media porque estuvimos dos horas y media estacionados en la autopista mientras un par de grúas trataba de sacar un autobús que se habia caído por un barranco. Llegamos a Valencia de noche, dormimos allí, y al otro día en la mañana salimos de regreso a Puerto la Cruz. Así que de Valencia solamente conocí el apartamento de los tíos de Ton Tón. Es muy bonito y acogedor y tienen unos pajaritos que le encantaron a Luki. Ahora cada vez que uno le pregunta como hacen los pajaritos de Tío Armando comienza a batir los brazos de arriba a abajo.

Y al final de la historia esos son los detalles que verdaderamente importan. Que Luki conocío a su tío abuelo Armando, que se río al ver sus pajaritos, que lo abrazaron y lo besaron un montón de primos….

Los problemas de transporte — aunque sumamente frustrantes — son secundarios.

Aquí los dejo con algunas fotos en el teleférico de Caracas. Ya más adelante les contaré de nuestras aventuras en la playa, del descontrol total en la rutina de Luki durante todo el tiempo que estuvimos allí, y de nuestro breve encuentro con las fuerzas armadas de la República Bolivariana de Venezuela. Manténganse en sintonía.

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